Victor Arocha y su tecnología de alcance mundial

Redacción Artículos

Victor Arocha no puede quedarse quieto. Lo admite y lo destaca al contar su historia. Parece que le ha servido bastante: su primera empresa la inició cuando era universitario. Más tarde, de un momento crítico en su vida y la habilidad para sortear situaciones adversas, fundó Inblay, que en poco tiempo se convirtió en una de las compañías tecnológicas más prometedoras de la región.

En la actualidad, tiene varios proyectos en puerta. Este empresario no teme romper paradigmas y pretende demostrar que el talento mexicano puede brillar en cualquier rincón del mundo.

Un viaje que inició en medio del desierto

Victor Arocha pasó los primeros años de su vida rodeado de manantiales y un desierto interminable. Aunque nació en Monterrey, su primer hogar fue el pueblo de Cuatro Ciénegas, Coahuila. En este lugar de paisajes disímiles, vivió uno de los momentos que más lo marcaron: la muerte de su padre.

“Cuando tenía 8 años, mi padre murió y quedamos mi madre, mi hermana y yo, enfrentando una realidad que muchas familias viven al quedarse sin el respaldo económico del papá. Aprendí desde muy pequeño el valor de las cosas y lo importante que es el trabajo.”

“Viví mi niñez rodeado de sencillez y de las historias sobre mi padre y mi abuelo, lo cual me impulsó a soñar con cosas grandes”, cuenta.

Su profesión comenzó a definirse a los 9 años, cuando descubrió su interés por las computadoras. Un primo suyo le regaló un ordenador de Elektra, armado con componentes de varias marcas. Victor no sabía programar, pero aprendió a hacerlo leyendo revistas especializadas, las cuales eran tan costosas que ideó un plan para conseguir dinero y comprarlas: pelaba nueces del nogal de su patio trasero y las vendía a un señor del pueblo.

Los experimentos por cuenta propia no bastaron. Apasionado por la computación y la tecnología, decidió que quería estudiar una ingeniería. A los 18 años, se fue a vivir a la ciudad donde nació para estudiar la carrera de Ingeniero en Sistemas Computacionales en el Tec de Monterrey. Su familia, incluidos primos y tíos, aportaron dinero para cubrir los gastos, los cuales no eran pocos a pesar de que había conseguido una beca. Aunque le sugirieron matricularse en una carrera sencilla para no perder el apoyo, él ya había tomado su decisión.

Fue en la universidad cuando montó su primera empresa junto con algunos amigos. La bautizaron como Bluenode. Apretujados en una oficina diminuta, su misión era proveer internet a los estudiantes que vivían alrededor del campus y desarrollar software. Siempre tuvo el objetivo de emprender: “no fue algo que me enseñaron”, comenta Victor, quien cree que fue algo que se dio naturalmente.

El segundo evento que lo marcó se dio en aquellos años. El pequeño negocio ganó un concurso para vender un sistema de elaboración de encuestas a Enertec LTH, una marca de baterías automotrices. Al poco tiempo, el equipo recibió la llamada de un empresario de la ciudad. “Me dijo: oye, yo llevaba mucho tiempo tratando de vender ese proyecto, no se había dado y ustedes ya me lo ganaron. Me gustaría que te vinieras conmigo a vender”, recuerda Arocha.

Aceptó la invitación enseguida. Durante año y medio estuvo trabajando para ese empresario, del cual aprendió muchas cosas y quien después lo invitó a formar parte del corporativo GARD. Tiempo después, fue el encargado de abrir las oficinas en la Ciudad de México y así, la capital del país se convirtió en su hogar durante algunos años.

Las cosas marchaban bien. Conoció a la actriz Belinda Treviño y se casó con ella. Sin embargo, la crisis financiera de 2008 en Estados Unidos le pegó fuerte a la compañía justo en el momento menos indicado para Victor: su esposa estaba embarazada.

“Yo no entendía muy bien qué pasaba, siempre estuve enfocado en la venta de tecnología. Tuve que liquidar a toda la gente que estaba trabajando conmigo y terminando eso, me liquidaron a mí”, cuenta sin un asomo de tristeza.

Lo que tuvo que pasar para que naciera Inblay

La situación lo obligó a arrancar su propio negocio. Tenía tiempo queriendo hacerlo –desde niño, se imaginaba dirigiendo una empresa– y decidió que esta era su oportunidad.

No fue sencillo; pero acostumbrado al trabajo duro, no se dejó vencer. Así, nació en la Ciudad de México Inblay Technology, S.A. de C.V., que al poco tiempo se convertiría en una de las proveedoras de tecnología del sector industrial más destacables de la región.

“Cuando arranqué la empresa no había ingresos. Me daba mucho miedo quedarme sin dinero antes de empezar a generar. Vendía computadoras y yo mismo las instalaba en despachos de arquitectos y de contadores”.

Al principio, hacía varios trabajos a la vez. Cruzaba la ciudad y hasta algunos estados del país reparando computadoras. Mientras, su traje esperaba en la cajuela del auto para poder cambiarse rápidamente y atender sus citas. Todo eso pasó en un año. “Esa etapa de mi vida me formó de tal manera que no me da pena nada. Se hace lo que se tiene que hacer”, dice.

Conforme pasó el tiempo, cayeron en sus manos proyectos más interesantes y que aportaron gran experiencia a la organización. Uno de ellos fue el desarrollo de un sistema de sensores de seguridad perimetral en pozos de gas para Schlumberger, en Reynosa, Tamaulipas. La exigencia era alta, pero se mantuvieron a la altura.

Entre 2010 y 2011, la inseguridad azotó al norte de México. Entonces, Arocha tomó la decisión de dejar de buscar negocios en Reynosa, y Aguascalientes comenzó a figurar en sus planes. El empresario conocía bien el Bajío, lo había cruzado en sus viajes y sabía que era una excelente zona para establecerse.

“Nos dimos cuenta de que si nos enfocábamos en el sector industrial y nos hacíamos expertos en hacer cosas para él, íbamos a tener un diferenciador”.

No estuvo solo. El equipo que inició Inblay decidió aventurarse con él y probar suerte en la entidad hidrocálida. Desde el principio, Victor tuvo claro que no solo quería generar un ingreso para él, deseaba que a nadie le faltara trabajo. Conforme creció la compañía, también lo hicieron sus objetivos.

“Con el paso del tiempo ha ido evolucionando esa visión y lo que yo veo para la empresa hoy, es el poder de ser global. Poder demostrar a nivel internacional que el viejo paradigma del mexicano no es el correcto. En México, podemos hacer las cosas exactamente igual o mejor que los ingleses, japoneses, norteamericanos, alemanes. Podemos hacer exactamente lo mismo, no hay ninguna diferencia”.

La empresa local que tiene trabajadores en Japón

Inblay supo insertarse en la industria con éxito y ofrecer soluciones tecnológicas para incrementar la eficiencia de las empresas. Al inicio, su personal sumaba solo 10 personas; hoy, yacuenta con 150.

Algunos de los proyectos que ha realizado son la implementación de sistemas de control en almacenes de material radioactivo, redes de comunicaciones de grado industrial y sistemas de control de la producción para la industria automotriz. Además, es proveedor de Nissan y otras empresas del sector desde hace varios años.

Uno de los pasos más importantes que ha dado es su asociación con Hitachi Consulting, un mega corporativo japonés el cual instala trenes, plantas nucleares y ciudades inteligentes. Dicha alianza le ha permitido abrirse camino en el mercado internacional.

El proceso para formar parte de Hitachi Consulting fue duro. Inblay fue evaluada durante seis meses y compitió con compañías mucho más grandes que ella; pero al final, ganó su potencial y talento.

“Nos dio un diferenciador estratégico contra cualquiera, una visión y presencia global. Podemos desarrollar proyectos en cualquier lugar donde Hitachi tenga presencia”, asegura.

La visión global de la organización se nota en su forma de trabajo. Actualmente, tiene colaboradores que trabajan a distancia desarrollando software en países como Japón y la India.

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